martes, agosto 25, 2026
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La cerveza que nació en el desierto y terminó convirtiéndose en identidad cachanilla

Por Oscar Vázquez C.

Hay ciudades que se conocen por sus monumentos, otras por sus paisajes y algunas por sus grandes avenidas. Mexicali se descubre también a través de sus sabores. Y entre ellos hay uno que, durante más de un siglo, ha acompañado el crecimiento de la capital de Baja California: la cerveza.

En medio del desierto, entre los campos del Valle de Mexicali, la industria y el movimiento constante de la frontera, la ciudad fue construyendo una identidad propia. Una identidad hecha de trabajo, migraciones, encuentros culturales y una gastronomía que difícilmente podría entenderse sin la influencia de la comunidad china.

Pero hay otra historia que corre paralela a todas ellas. Una historia de malta, lúpulo, barricas, calor del desierto y cerveza bien fría.

El día que Mexicali comenzó a escribir su historia cervecera

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Para encontrar el origen de esta relación hay que viajar hasta 1923. La ciudad apenas consolidaba su crecimiento cuando Miguel González Quiroz y Heraclio Ochoa apostaron por una industria que terminaría dejando una huella imborrable.

El 4 de julio de 1923 abrió sus puertas la Cervecería Mexicali. No era solamente una fábrica. Era el comienzo de una historia que llevaría el nombre de la ciudad mucho más allá de la frontera.

La producción se inspiraba en el estilo europeo pilsener lager, una cerveza ligera y refrescante que encontró en el clima cálido de Mexicali un escenario perfecto. Poco a poco, aquella bebida comenzó a formar parte de las reuniones, las comidas y la vida cotidiana. La cerveza dejó de ser solamente un producto. Comenzó a convertirse en parte de la identidad cachanilla.

Cuando la frontera convirtió a la cerveza en protagonista

Y si la cerveza ya tenía un lugar en Mexicali, la frontera terminó por darle un impulso inesperado.

Durante los años de la Ley Seca en Estados Unidos, las ciudades fronterizas adquirieron una relevancia especial para quienes cruzaban desde California en busca de bebidas que no podían consumir legalmente en su país.

Mexicali estaba ahí. A unos pasos de California, pero con una historia propia que comenzaba a crecer.

La frontera, el comercio y la cerveza terminaron formando una combinación que contribuyó a consolidar la vocación cervecera de la ciudad.

Una mesa, dos tradiciones y un sabor que se quedó

Pero quizá ninguna imagen representa mejor la identidad gastronómica de Mexicali que una mesa de comida china acompañada de una cerveza fría.

La llegada y consolidación de la comunidad china transformó para siempre la gastronomía local. Sus restaurantes se convirtieron en espacios de encuentro y, con el paso del tiempo, la cerveza encontró ahí otro de sus grandes escenarios.

Arroz, chop suey, carnes, sopas y otros clásicos de la cocina china comenzaron a convivir con una cerveza producida en la propia ciudad.

La combinación se volvió parte de la memoria colectiva. Y todavía hoy, sentarse a comer comida china y pedir una cerveza es mucho más que una elección gastronómica: es acercarse a una de las historias que hacen diferente a Mexicali.

La cervecería cerró, pero la historia apenas cambiaba de capítulo

En 1973, la antigua Cervecería Mexicali dejó de operar. Podría parecer el final de una era. Pero la tradición no desapareció.

Décadas después, nuevas generaciones comenzaron a experimentar con la elaboración de cerveza en casa. Aparecieron recetas, ingredientes, estilos y, sobre todo, una comunidad de entusiastas dispuesta a recuperar la relación de la ciudad con esta bebida.

Así nació una nueva etapa.

La cerveza artesanal de Mexicali comenzó a tomar fuerza y con ella llegaron taprooms, cervecerías, espacios de degustación, festivales y propuestas que hicieron de beber cerveza una experiencia turística y gastronómica.

Del dátil a las IPA: el nuevo sabor de Mexicali

Entre los proyectos que forman parte de esta nueva historia está Amante Brew Company, que comenzó en 2011 y apostó por explorar diferentes estilos.

Su propuesta incluye IPA, porter y recetas que incorporan ingredientes vinculados con la región.

Un ejemplo es Rita, una Old Ale elaborada con miel de dátil, un ingrediente profundamente ligado al Valle de Mexicali.

Aquí aparece una de las claves de la nueva escena cervecera cachanilla: tomar lo que produce el territorio y convertirlo en cerveza.

El desierto, el Valle y la gastronomía local dejan de ser solamente paisajes o productos para convertirse también en inspiración.

Una escena artesanal que no deja de crecer

El recorrido continúa con propuestas como Fauna Tasting Room, donde estilos como Lycan Lupus, Hazy Lycan y Penélope muestran una apuesta por los aromas, los sabores intensos y la experimentación.

La experiencia no termina en el vaso. Gastronomía, terraza, música y convivencia forman parte de un concepto donde la cerveza se convierte en punto de encuentro.

A este mapa se suman Averno Cervecería, Cervecería Chinesca, El Sarmiento, Media Sangre, Malgro Cervecería y Mandala, proyectos que ayudan a explicar la diversidad de la actual escena cervecera de Mexicali.

Cada uno tiene su personalidad. Cada uno cuenta una historia diferente. Pero todos forman parte de un mismo movimiento: mantener viva la cultura cervecera de una ciudad que lleva más de cien años relacionada con esta bebida.

El lugar donde el pasado volvió a brindar

Y entonces aparece uno de los capítulos más interesantes de esta historia. En el edificio histórico de la antigua Cervecería Mexicali de 1923 se encuentra Cervecería Ícono.

El lugar donde alguna vez se escribió una parte fundamental de la historia industrial de la ciudad vuelve a tener cerveza entre sus paredes. Solo que ahora la historia se cuenta de otra manera.

Kölsch, NEIPA y Double IPA forman parte de una propuesta contemporánea que dialoga con el pasado sin intentar reproducirlo. Es como si el edificio hubiera esperado décadas para volver a escuchar el sonido de un vaso servido.

Y ahí, entre ladrillos, memoria y nuevos sabores, resulta imposible no pensar en todo lo que ha cambiado Mexicali desde aquel 4 de julio de 1923.

Una cerveza también puede contar un destino

Hoy recorrer la escena cervecera de Mexicali es una forma distinta de conocer la ciudad.

Es entrar a un taproom; sentarse en una terraza; probar una etiqueta; descubrir un ingrediente local. Escuchar música; compartir una mesa; conversar con quienes producen cerveza. Y, sobre todo, entender que detrás de cada vaso existe una historia.

Porque la cerveza artesanal cachanilla no solamente recuperó una tradición: la transformó. Tomó el calor del desierto, los productos del Valle, la influencia de la gastronomía china, la cultura fronteriza y el espíritu emprendedor de sus habitantes para crear nuevas experiencias. Dátil, miel, frutas, chile y otros ingredientes regionales aparecen en distintas recetas como pequeñas postales líquidas de un territorio que sabe reinventarse.

Mexicali se cuenta también desde una cerveza fría

Más de cien años después de que la Cervecería Mexicali abriera sus puertas, la historia continúa.

Cambió la tecnología, cambiaron los estilos y cambiaron las formas de disfrutarla, pero permanece algo esencial: la cerveza sigue siendo parte de la conversación de Mexicali.

Y quizá esa sea la mejor manera de descubrir esta ciudad; no solamente mirando sus paisajes, sino probándolos; no solamente recorriendo sus calles, sino sentándose en sus mesas. Porque en Mexicali, una cerveza puede hablar del desierto, de la frontera, del Valle, de la migración, de la gastronomía china y de una ciudad que nunca ha dejado de reinventarse.

La historia de Mexicali también tiene sabor a cerveza.

Y para quienes quieren descubrir Baja California a través de sus sabores, sus personajes y sus experiencias, este destino tiene todavía muchos brindis por contar.

Sin duda alguna, Baja California es para ti.

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