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Oleajes. Bancos en riesgo: 230 mil millones de dólares en juego

 Por Oscar Vázquez C.

No hay que echar en saco roto la advertencia que realiza Capgemini Research Institute, en su Informe Mundial sobre Pagos 2027. Resulta que establece que los bancos podrían perder hasta 230 mil millones de dólares en ingresos por servicios de pago. No es una predicción apocalíptica ni una amenaza surgida de una crisis económica convencional y tampoco derivado de la llamada mochila de salvación: es el impacto que podría provocar la transformación digital del dinero y la llegada de nuevos competidores al negocio financiero.

La advertencia está contenida en el Informe Mundial sobre Pagos 2027, del Instituto de Investigación de Capgemini, presentado este 4 de noviembre de 2026. El documento pone sobre la mesa una realidad incómoda para la banca tradicional: las stablecoins – utilizados principalmente para el envío de remesas, protección contra la devaluación y pagos-, los depósitos tokenizados -unidad digital- y las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC) están dejando atrás la etapa experimental para convertirse en alternativas comerciales.

Es importante establecer que la proyección es que estos instrumentos representen aproximadamente el 4 por ciento del volumen global de pagos para 2030. Puede parecer una proporción todavía pequeña, pero su impacto amenaza precisamente algunos de los negocios más rentables de los bancos: los diferenciales cambiarios, la banca corresponsal, los ingresos por fondos en circulación y las comisiones por procesamiento de transacciones.

En otras palabras, el dinero está encontrando nuevas rutas y los bancos podrían dejar de ser sus principales intermediarios.

La banca tiene clientes, pero no necesariamente su confianza

El problema no es solamente tecnológico. También es de competitividad y servicio.

Durante los últimos tres años, el 60 por ciento de los bancos identificó la innovación en pagos corporativos como un área estratégica de inversión. Sin embargo, apenas uno de cada tres clientes empresariales está satisfecho con su principal socio bancario.

La contradicción es evidente: las instituciones financieras invierten en modernización, pero sus clientes siguen encontrando obstáculos que dificultan sus operaciones.

El 74 por ciento de las empresas considera que los pagos transfronterizos son lentos, costosos impredecibles. Una operación corporativa completa, desde su inicio hasta la transferencia, confirmación y conciliación, tarda aproximadamente 3.5 días.

Más preocupante aún, el 57 por ciento de las compañías afirma que no tiene acceso en tiempo real al estado de sus pagos, sus posiciones de efectivo ni a precios transparentes.

El costo tampoco es menor: un pago internacional típico entre empresas puede representar gastos equivalentes al 2 por ciento del valor de la transacción.

¿Quién puede culpar a las empresas por buscar alternativas?

Stablecoins: la competencia que puede llevarse el negocio

Aquí aparece uno de los datos más reveladores del estudio. El 71 por ciento de las empresas todavía elegiría a un banco sobre una fintech para realizar pagos tokenizados, siempre que ambas ofrecieran costos y calidad equivalentes.

Es decir, la banca conserva una ventaja importante: la confianza y la relación construida con sus clientes. Pero esa preferencia tiene condiciones.

Cerca del 60 por ciento de las empresas estaría dispuesto a contratar servicios relacionados con stablecoins con proveedores no bancarios si sus instituciones financieras no consiguen mantenerse al ritmo de la evolución del mercado.

Y hay otro dato que debería preocupar a los directivos bancarios: el 36% del volumen de pagos B2B -de empresa a empresa- de las  encuestadas ya se canaliza mediante proveedores no bancarios. La competencia no está esperando a que los bancos decidan qué hacer.

Cuatro billones de dólares inmovilizados

El informe también identifica un problema estructural en las operaciones financieras internacionales: aproximadamente cuatro billones de dólares permanecen inmovilizados en cuentas de liquidación y liquidez para financiar los flujos de pagos transfronterizos.

Se trata de capital que genera pocos rendimientos y que no puede destinarse a otros usos productivos, como préstamos e inversiones.

Los instrumentos que Capgemini denomina “dinero inteligente acelerado” —stablecoins, depósitos tokenizados y monedas digitales de bancos centrales— podrían facilitar operaciones durante las 24 horas del día, los siete días de la semana, incorporar reglas automatizadas y permitir liquidaciones en tiempo real.

La posibilidad de liberar parte de esos recursos representa una oportunidad para las empresas, pero también una amenaza para los modelos tradicionales de intermediación bancaria.

Apenas 21 por ciento de los bancos está tomando la delantera

Lo más inquietante es que la propia industria financiera parece avanzar a dos velocidades. De acuerdo con Capgemini, solamente el 21 por ciento de los bancos clasificados como líderes está escalando activamente al menos uno de estos instrumentos de dinero inteligente acelerado. El 79 por ciento restante todavía evalúa su posición.

Los bancos que ya avanzan tienen tres veces más probabilidades de identificar nuevas fuentes de ingresos y esperan compensar la disminución de sus ingresos tradicionales por transacciones en 15 meses, frente a los 25 meses que calcula el resto de las instituciones.

Pero la transformación también exige nuevas capacidades. Apenas el 56 por ciento de los bancos líderes considera que cuenta con el talento y las habilidades necesarias para desarrollar y mantener activos digitales, así como para respaldar la tokenización, los contratos inteligentes y la interoperabilidad entre redes financieras.

La pregunta es inevitable: si incluso los bancos más avanzados reconocen carencias técnicas y de talento, ¿qué está ocurriendo con aquellos que todavía no definen su estrategia?   

México tampoco puede quedarse al margen

Aunque el estudio tiene alcance internacional, sus conclusiones tienen implicaciones para México. La modernización de los pagos, las transferencias internacionales, las remesas y las operaciones empresariales exige que las instituciones financieras mexicanas observen de cerca esta transformación.

No basta con tener aplicaciones móviles, banca por internet o transferencias electrónicas. El desafío consiste en construir servicios más rápidos, transparentes, accesibles y seguros, capaces de competir con las nuevas plataformas financieras.

También corresponde a las autoridades regulatorias establecer condiciones claras para la operación de estos instrumentos, sin sacrificar la protección de los usuarios, la prevención del lavado de dinero ni la estabilidad del sistema financiero.

El propio informe señala que la liquidación con dinero inteligente puede ser irrevocable, por lo que los controles de cumplimiento, identificación de clientes y monitoreo de operaciones deben incorporarse desde el diseño de las transacciones. La innovación no puede convertirse en una puerta abierta a nuevos riesgos.

La ola ya llegó y no todos saben navegarla

El Instituto de Investigación de Capgemini, especializado en analizar el impacto de las tecnologías digitales en las grandes empresas tradicionales, cuenta con una red internacional de expertos y centros de investigación en India, Singapur, Reino Unido y Estados Unidos. Su informe recoge la opinión de 1,110 grandes empresas y 300 ejecutivos bancarios de nueve mercados, a partir de encuestas realizadas entre mayo y junio de 2026.

Uno de ellos, Jeroen Hölscher, líder global de Servicios de Pagos de Capgemini, advierte que la industria atraviesa su mayor periodo de disrupción desde la aparición de la banca digital y que los bancos deben decidir qué papel quieren desempeñar en el nuevo ecosistema.

Y tiene razón en algo fundamental: la permanencia de una institución financiera no está garantizada por su historia, su tamaño o el número de sucursales que tenga.

Los 230 mil millones de dólares en ingresos amenazados son una señal de que el negocio bancario está cambiando. No significa que los bancos vayan a desaparecer, pero sí que podrían perder una parte importante del control que durante décadas ejercieron sobre los pagos.

En esta nueva marejada financiera, los bancos tienen dos opciones: adaptarse a la velocidad del dinero digital o contemplar cómo otros se quedan con sus clientes, sus operaciones y sus ingresos.

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